Etiqueta: Amar

  • LA QUIERO A MORIR…

    LA QUIERO A MORIR…

    Os propongo escuchar esta canción que nos ha acompañado a los militantes universitarios durante todo el verano.

    Se la dedicamos a nuestra Madre, la Virgen María. Ella es la vía más fácil de llegar a Dios y al cielo, por eso hoy nos acordamos especialmente de Ti.

    Te queremos Madre. 

    Y levanta una torre desde el cielo hasta aquí
    Y me cose unas alas y me ayuda a subir
    A toda prisa, a toda prisa
    La quiero a morir

    (…)

    Solo puedo sentarme, solo puedo charlar
    solo puedo enredarme, solo puedo aceptar
    Ser sólo suyo, sólo suyo
    La quiero a morir

    Conoce bien cada guerra
    Cada herida, cada sed
    Conoce bien cada guerra
    De la vida y del amor también

  • -Dios no nos hizo para ser mediocres-

    -Dios no nos hizo para ser mediocres-

    Las 3 claves de una vida buena según el entrenador Lou Holtz

    Que conducen a la confianza, el compromiso y el amor

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    Holtz, un católico convencido, autor de frases memorables, que se aplican tanto al fútbol americano como a la vida misma (por ejemplo: “No puedo creer que Dios nos haya puesto en este mundo para ser ordinarios”, o “Que incendies la casa de tu vecino no hace que tu casa parezca mejor”) fue, por diez años (1986-1996) un exitoso entrenador del equipo de Notre Dame y ocupa un lugar en el Salón de la Fama del fútbol americano colegial.

    La charla de Holtz, Tres claves para la buena vida se tuvo que cambiar, de la plaza que está frente a la catedral de Nuestra Señora de Los Ángeles al interior de la misma, por la lluvia. El hermoso e inmenso templo, obra del arquitecto Rafael Moneo, estuvo abarrotado de seguidores de Holtz, quien también ha sido comentarista de televisión y animador en múltiples conferencias de motivación en Estados Unidos.

    Dios no crea basura

    Lou Holtz, comprometido con la fe católica, compartió bromas y recuerdos en un Desayuno Anual de Oración que, en Los Ángeles, ya llega a su undécima edición y que conserva el espíritu original de estos encuentros: celebrar la Palabra, orar en comunidad y restaurar el sentido íntimo de la liturgia católica.

    Estoy tan viejo, que mis velas de cumpleaños cuestan más que el pastel”, bromeó Holtz durante su discurso de apertura, seguido de un Rosario, encabezado por los obispos auxiliares de Los Ángeles y una misa, celebrada por el arzobispo angelino José Horacio Gómez.

    En su participación, Lou Holtz –quien también dirigió a los equipos de Minnesota, Arkansas y Carolina del Sur (donde terminó su
    carrera)- compartió con el auditorio tres claves para una buena vida: siempre hacer lo correcto, comprometerse con la excelencia y mostrar a la gente verdadero interés. 

    Estas virtudes conducen a la confianza, compromiso y amor, puntualizó. Más adelante el conferencista explicó: “Si quieres ser feliz toda tu vida, entrégate a Jesucristo. No lo hagas esperar”. Y sentenció: “Es maravilloso ser católico”.

    En la parte medular de su charla, Lou Holtz compartió los retos que ha enfrentado, tanto profesionales como personales, desde el fútbol americano hasta la lucha de su esposa contra el cáncer. “Dios no crea basura y no nos puso para ser mediocres”, dijo Holtz. “Él nos creó para ser excelentes al servir al prójimo”.

    Artículo obtenido de Aleteia

  • Año de la Misericordia

    Año de la Misericordia

    «Son las cosas pequeñas, los actos cotidianos de personas ordinarias los que alejan a la maldad. Los simples actos de gentileza y amor.» -Gandalf-

    No son tanto las grandes proezas, ni evangelizar nuevos continentes. No son tanto los grandes poderes como las cosas pequeñas de cada día, esas que no tiene por qué ver nadie. Es el ayudar a tu madre sin que te lo pida, hablar con el que está solo, dedicarle una sonrisa al que está abatido. Son los pequeños actos de misericordia. Pequeños detalles, GRANDES CORAZONES.
    ‪#‎AñoDeLaMisericordia‬

  • Impresiones de campamento 2012 Isaac M.

    Los extraños y bellos caminos de Dios:

    Este es mi octavo año en Milicia y mi séptimo campamento (por problemas personales no pude ir un año) y…

    ¡Qué campamento! Iba receptivo. Quería ver qué designios tenía Dios para mí este verano y, ciertamente, como siempre, no fueron menos que sorpresas. María quiso ponerme de jefe de escuadra por accidente. En esta labor, aprendí ante todo a amar, aceptar y a pedir perdón. La escuadra era, en líneas generales, buena pero compleja. Cada uno venía con unos problemas distintos y unas preocupaciones únicas. Además, el cambio de jefe fue un tema difícil de abordar. Gracias a Dios que tuve el apoyo incondicional de mi monitor.

    Tuvimos nuestros “rifi- rafes” continuos y el último día completo de campamento, gracias a unas palabras intercambiadas con cada uno de mis escuadristas, conseguimos que el campamento nos sonriera y nos fuéramos con buen sabor de boca.

    En un plano más personal, como siempre ocurre, me volvió a sorprender Gredos. Esas noches son una maravilla, esas vistas son un regalo y, a pesar de que en las marchas pasé verdadero miedo, vi a Dios en cada uno de los acampados y monitores que no cesaban de dedicarme sonrisas y palabras de ánimo.

    De todas las actividades del Circo, me quedo sin duda con las Misas. Me resulta increíble que en esa inmensidad de lugar, Cristo se nos hiciera presente en un “trozo de pan”. Además, el rato de acción de gracias contemplando a nuestra humilde Virgencita en su gruta… ¡cuántos deseos surgieron en esos momentos! Sin duda, durante el curso, me anima el saber que mi nombre esta a los pies de María, en Gredos. Sin duda, tengo allí, inherente, plantado mi corazón.

    Por último, ahora aquí, quiero pedir perdón también, porque, a pesar de mi esfuerzo (que no fue poco) fallé muchas veces y en distintas ocasiones. También si pude incomodar a alguien, ya fuera con un gesto, una palabra o una actitud. También he de dar las gracias a todos aquellos que hicieron del campamento algo más bonito con sus sonrisas y miradas. Y también a aquellos acampados que ahora puedo llamar grandes amigos míos.

    Un fortísimo abrazo a todos en el Corazón de Nuestra Virgen de Gredos.

    Isaac M.

     17 años

  • Amar, conquistar, reparar…

    Amar, conquistar, reparar…

    ¿Cómo permanecer inerte ante la condenación de tantos jóvenes? ¿Quién será capaz de guardar y no compartir un tesoro como es la fe, y la experiencia del Amor sanador de Dios?

    El drama del devenir eterno de tantos jóvenes y personas ya adultas, con las que un militante se codea diariamente, le plantea una pregunta: ¿Qué está a mi alcance, en qué puedo colaborar para la salvación de la juventud, de la humanidad?

    Cuando se ha conocido el Corazón de Cristo, un Corazón del que mana agua y sangre, atravesado por la indiferencia humana… es difícil conciliar el sueño si la vida entera no se gasta en corresponder a semejante Amor.

    Y brota del fondo del alma un grito pacificado por la larga preparación de un crecimiento en silencio, el de la vida de Nazaret. Un crecimiento hacia adentro, que no se ve, pero que se deja notar como una novedosa presencia, que ahonda en el corazón del hombre, desvela los secretos del alma humana. Un grito pacificado que mueve a entregar la vida en medio del mundo, transmitiendo Vida, mostrando el camino a tantos hermanos que viven como si Dios no existiera. Mostrándoles el camino de vuelta a la felicidad, si es que quieren vivir otra vez…

    La Milicia de Santa María vibra con la Iglesia, la ama como Madre, busca la obediencia a sus sabias indicaciones, y sale a la calle vestida de payaso, de romano o de esclavo…, de aquello que el Amor a Cristo le mueva a hacer, pero todo por la salvación de las almas… Porque le urge amar, conquistar, reparar el Corazón de Cristo…

    El martirio del militante consiste en vivir constantemente con la herida en el corazón de la incredulidad de sus coetáneos, ofreciendo no cosas, ni actividades, ni renuncias, ni sacrificios…, sino la propia vida, por la salvación del cupo de almas que Dios le ha confiado desde toda la eternidad.

    La llamada apremiante del Papa Benedicto XVI encuentra eco en los cruzados y militantes de Santa María: ¡Nueva Evangelización…! ¡… al estilo de María!

    Quien intente hoy día hablar de la fe cristiana […]  es probable que en seguida tenga la sensación de que le pasa lo mismo que a aquel payaso y la aldea en llamas.

    En un país (España), un circo fue presa de las llamas. Entonces, el director del circo mandó a un payaso, que ya estaba listo para actuar, a la aldea vecina para pedir auxilio, ya que había peligro de que las llamas llegasen hasta la aldea, arrasando a su paso los campos secos y toda la cosecha. El payaso corrió a la aldea y pidió a los vecinos que fueran lo más rápido posible hacia el circo que se estaba quemando para ayudar a  apagar el fuego. Pero los vecinos creyeron que se trataba de un magnífico truco para que asistiesen los más posibles a la función; aplaudían y hasta lloraban de risa. Pero al payaso le daban más ganas de llorar que de reír; en vano trató de persuadirles y de explicarles que no se trataba de un truco ni de una broma, que la cosa iba muy en serio y que el circo se estaba quemando de verdad. Cuanto más suplicaba, más se reía la gente, pues los aldeanos creían que estaba haciendo su papel de maravilla, hasta que por fin las llamas llegaron a la aldea. Y claro, la ayuda llegó demasiado tarde, y tanto el circo como la aldea fueron pasto de las llamas.

    Ésta es la situación de los apóstoles modernos. En el payaso, que no es capaz de lograr que los aldeanos escuchen su mensaje, vemos la imagen del apóstol, a quien nadie toma en serio si va por ahí vestido con los atuendos de un payaso medieval o de cualquier otra época pasada. Ya puede decir lo que quiera, pues llevará siempre la etiqueta del papel que desempeña. Y por buenas maneras que muestre y por muy serio que se ponga, todo el mundo sabe de antemano lo que es: ni más ni menos que un payaso.

    El que quiera predicar la fe, y al mismo tiempo sea suficientemente autocrítico, pronto se dará cuenta de que no es una forma o una crisis de vestidos la que amenaza la fe en nuestro mundo.

    Me atrevería a decir, que en realidad, la fe, por moderna que se vista y por muchos coloretes que se quite, suscita sólo una esperanza que no deja de ser ingenua.

    Y sin embargo, la fe, hoy como siempre, sigue siendo una decisión que afecta a la profundidad de la existencia, un cambio continuo del ser humano al que sólo se puede llegar mediante una resolución firme.

    (Joseph Ratzinger. Introducción al cristianismo)