Categoría: Padre Tomás Morales

  • Responsabilidad con mis riquezas.

    «Sus riquezas han quedado bloqueadas, improductivas por mi falta de responsabilidad.»

     (P. Morales, S.J., Ovillo de Ariadna)

    Hemos nacido y crecido con unos dones, dones  necesarios para  ser «su testigo». Por lo que hemos de plantearnos la utilidad que los damos: ¿ cómo hacemos crecer todas esas cosas buenas que tenemos?  Y nuestras capacidades, ¿hacen vislumbrar el Reino de Dios?

     Ser responsables es esto: hacer crecer nuestras capacidades para que el Reino de Dios se haga presente.



    Para más información:    Mateo 25,14-30.

  • Rasgar las apariencias, vivir de fe.

    Rasgar las apariencias, vivir de fe.

    Hoy termina un año, y comienza otro. Regalo gratuito de Dios para con cada uno de nosotros. Un año que debe comenzar con un acto de fe por nuestra parte: ¡Señor, confío en Ti! ¡Sé que lo que me tienes reservado para este nuevo año, es lo mejor para mí!

    Echemos la vista atrás, y busquemos el rastro de Dios en nuestras vidas como Iglesia. El año que hoy termina ha sido un momento de Gracia, no cabe duda. ¿Seremos capaces de encontrar a Dios Padre, no sólo en los regalos agradables, sino también en nuestras miserias, caídas, limitaciones? ¿Será capaz la Cruzada – Milicia de dar gracias por su pobreza amada y transformada por el Amor gratuito de Dios?

    Los primeros momentos de un encuentro importante, deciden el rumbo del mismo. Por eso, por adelantado, demos gracias a Dios por lo que nos dará, sabiendo que detrás de todo lo aparentemente bueno o malo, está Él, que gobierna el mundo por medio de cosas, acontecimientos, personas. Y Él, es un Padre Misericordioso, que cuida de sus hijos con ternura. ¡Hágase en mí…!

    ¡Feliz año! ¡Feliz tiempo de Dios!

    La fe es un salto en el vacío. Tírate. Y el Padre de los cielos que te dice, yo sí que te veo. Porque eso fue lo que le dijo este padre al niño. Cuando el niño apareció ahí arriba en el balcón decía, pero papá si no te veo.

    – Tú tírate, yo sí te veo. Esto basta. Salta en seguida.

    Saltó, y se encontró sano y salvo en brazos de su padre.

    Dios te salve María, que dé este salto mañana. Venciendo todavía las repugnancias que tengo dentro y que mi soberbia me pone una cantidad de muros tremendos para saltar. Tú, Madre, no veías ni comprendías nada. Pero Dios te invita a dar un salto en el vacío.

    Y lo das. Y dándolo eres causa de salvación para Ti y para todo el género humano. Y por lo tanto para mí también. Y para tu Cruzada – Milicia.

    Ahora la Virgen va a andar siempre en tinieblas, sin saber nada, sin ver, pero dice sí a todo. El que se decide a vivir de amor y fe, a vivir la aventura de la fe, se mete en un mundo en que ya no va a entender nada de lo que le sucede en la vida, porque Dios escribe con unos rasgos enteramente distintos de los que creía que iba a escribir.

    Empieza la aventura de la fe. María rasga las apariencias. Rasgar las apariencias de las cosas. Su fe es como el radar, divisa objetos envueltos en la noche, perdidos en la niebla.

    (P. Morales, S.J.)

  • Los santos inocentes.

    Los santos inocentes.

    La Iglesia Católica celebra hoy la fiesta de los santos inocentes.

    Por ser hijos de nuestro tiempo, los militantes recibimos continuas influencias de él. Una de ellas es vivir la tentación de vivir superficialmente todo. El cultivo de la reflexión que pedía el P. Morales, sigue siendo la mejor vacuna (junto con la vida interior) para no ser superficiales, para no ser manipulables.

    Podemos reirnos de los santos inocentes poniendo un monigote en la espalda del amigo, o podemos caer el cuenta de lo que realmente estamos celebrando. Siempre es lo mismo, ante todo impulso que nos llega: comodidad de la superficie, o exigencia de lo profundo.

    Recién nacidos que son asesinados injustamente, ocupando el lugar de Cristo. Iban buscándole a Él, y sin ellos pedirlo, sin ni siquiera desearlo, son adornados con la gracia del Martirio. Nace en nosotros una santa envidia: morir por Él de una vez, o gota a gota en la fidelidad del trabajo oculto, de una vida entregada…

    ¿Cómo actualizar este testimonio en nuestra vida?

    En cada ocasión de sufrimiento, en cada injusticia que padezco, cuando en mi corazón lo más íntimo de mí dice: «Señor, te lo ofrezco, todo es tuyo…», yo también  puedo ser mártir.

    Y como decía el P. Morales, para salir de esta noche epocal en la que nos vemos metidos, serán necesarias grandes oblaciones, por amor a Dios, por medio del martirio, de sangre o blanco… El mundo se salvará por un puñado de hombres… ¡Que el Niño Dios nazca en nuestros corazones!

    No es hablando, sino sufriendo y muriendo, como estas primicias de los mártires, estas flores de la naciente Iglesia confesaron la fe de Jesucristo. A menudo Dios pide que tú y yo, en medio del mundo, lo confesemos callándonos, ofreciendo. Te calumnian, te persiguen: sufre, cállate. ¡Ah! ¡cuán elocuente testimonio de tu fidelidad es esta paciencia muda! En vano dices que eres totalmente de Dios: corresponde que lo digan tus acciones; trabaja por Dios, sufre por amor suyo.

    «El cristiano no se contenta con seguir a Jesús con sólo palabras que se las lleva el viento. Ni con sólo sentimientos que van y que vienen como la marea. Es roca, y no corcho que se agita a merced de los latigazos de las olas.

    Es lo que pide precisamente para nosotros una de las oraciones de la Misa, «Los Mártires Inocentes proclaman Tu gloria en este día. Concédenos por su intercesión testimoniar con nuestra vida la fe que confesamos de palabra» (oración colecta).

    Martirio blanco.

    La segunda parte del Evangelio del día nos descubre la crueldad de Herodes al degollar a los mártires, pero la primera nos habla del martirio blanco en obediencia a Dios Padre. Nos relata la actitud de S. José. El ángel se le aparece y dice: «levántate, toma al Niño y a Su Madre y huye a Egipto. Estáte allí hasta que Yo te diga porque Herodes va a buscar al Niño para acabar con Él» (Mt 2,13).

    ¡Qué fe y grandeza irradia José! Podría haberse escandalizado ante orden tan insólita, pero no piensa más que en ejecutarla. Cualquier otra persona se turba y desconcierta, pero él permanece sereno, con esa tranquilidad que da el sentirse hijo de Dios Padre.

    El texto del Evangelio es tan sencillo que parece se trata de lo más natural del mundo. Un ángel se presenta, no Dios mismo como a Moisés. Orden inesperada, intempestiva, en la noche. Nos parece que Dios elige el mejor momento para molestar más. ¡Con lo fácil que le hubiese sido cualquier hora del día! «Toma al Niño y a su Madre…» El asunto parece que se complica.

    Política divina de llevarse disgustos y darlos a las personas queridas. Ni critica, ni piensa, ni censura los designios adorables de Dios. ¡Cuánto se le ocurriría oponer a nuestro orgullo y pereza! Atravesar el desierto en la noche. ¡Cómo encontrar el camino y sortear a los sicarios de Herodes? ?A qué sitio de Egipto? ¡Pero si Egipto es tierra idólatra! ?Por qué no donde los Magos? ¡Sería lo razonable, siendo amigos nos facilitarían el negocio! Pero ¿qué medios de subsistencia vamos a encontrar?… «Estáte allí hasta que yo te avise». ¡Ni siquiera el consuelo de saber el fin del destierro!»

    (P. Morales, S.J., Semblanzas)

  • Felicitación Navidad 2011.

    Dios se hace hombre, y nos enseña a ser hombres.

  • El papel del educador.

    Éste es el espíritu del P. Morales en la formación de esos hombres llamados a ser fermentos en la masa, y éste es el espíritu que trata de inculcar a quienes han de ejercer de educadores:

    «Éste es el papel, osucuro y glorioso al mismo tiempo, del educador. Un filósofo francés, Lavelle, ha dicho: «El mayor bien que hacemos a los demás no es comunicarles nuestras riquezas, sino descubrirles las suyas». Ello supone que un educador sepa eclipasarse, saber ser todo y a la vez no ser nada».

    (P. Morales, Forja de Hombres 107)

    Sin embargo, también en esto se puede caer en reduccionismos y en simplificaciones demogógicas. Para que el educador pueda actuar como simple mediador, es preciso que en el educando se produzca la energía suficiente como para orientarse él mismo hacia el aprendizaje.

    Se argumentará que ese es precisamente el arte que ha de dominar el buen maestro: motivar al niño o al joven para que se genere en él una tendencia al aprendizaje. Mas si las cuerdas del querer (voluntad) del educando no están bien templadas, es inútil la habilidad del violinista para arrancar las mejores melodías.

    (Abilio de Gregorio, Por las huellas de la pedagogía del padre Tomás Morales)

    Mirando al horizonte.

    Los militantes de Santa María buscan la Verdad, el Bien y la Belleza en medio del mundo, los reflejos de la presencia de Dios, para llevar a sus semejantes al Amor, a la verdadera Vida.

    Canción: «Mirando al horizonte» (taller de música, Campamento de Santa María de la Montaña 2010) (la podrás descargar próximamente)

    Mirando al horizonte,

    tu alma se abrirá…

    al eco de los montes

    que invita a caminar…

    Llevando por el mundo

    lo justo para andar

    seremos savia joven

    que grita MÁS Y MÁS.

  • Los cuatro puntos cardinales de la MSM (II): espíritu combativo

    “Espíritu combativo es una actitud interior que empuja al hombre, abierto a la acción del Espíritu, a estar en continua y serena tensión de voluntad, librando constantemente una gran batalla consigo mismo”. Nada, por tanto, de agresividad fundamentalista o impertinencia fanática contra los demás. ¿Por qué este punto cardinal? ¿No nos combate suficientemente cada día la vida, como para andar buscando batallas contra nosotros mismos? (más…)

  • Los cuatro puntos cardinales de la MSM (I): mística de exigencia

    Decía el filósofo Kierkegaad que “lo malo de nuestros tiempos no es lo que existe con todos sus defectos. El mal está en que se aspira a una reforma falsa, una reforma que no tiene por base un gran espíritu de sacrificio. Persuadámonos. La única manera que hay de cambiar el mundo es transformar el individuo –mediante la renuncia– al calor de un gran ideal.” (más…)