Dios llama por medio de lo cotidiano.

Me llamo Joaquín C, soy militante de Santa María, un joven estudiante de periodismo de 22 años. Quería contaros lo más breve y claramente posible un pequeño suceso o anécdota que me ocurrió hace bien poco, las pasadas Navidades.

Veréis, no sé muy bien cómo pero el caso es que el día 23 de diciembre alguien me convenció para realizar un voluntariado en el comedor social de Martínez Campos, con las Hermanas de la Caridad. La verdad, aquella experiencia me sorprendió más de lo que podía imaginar.

Estuve prácticamente toda la mañana pasando lista (sobre el menú de comida que tendrían en Navidad) a todos y cada uno de los hombres y mujeres que venían habitualmente a comer al lugar, más de 250 individuos. Sí, me refiero a personas del siguiente perfil: sin trabajo, sin familia, sin salud, sin amigos. Pobres, en una palabra.

Y es curioso porque en mi afán periodístico de elaborar un reportaje radiofónico (por puro placer profesional, sin compromiso alguno), acabó ocurriéndome algo curioso y al mismo tiempo precioso. Entrevisté a un hombre muy agradable, buena gente diría yo, alguien que durante mucho tiempo había mostrado gran interés por el mundo de la radio, por cierto. Sin embargo, había un problema: aunque amablemente le invité a escuchar dicho reportaje, que se emitiría dos o tres veces en el mes de enero en la programación de radio María, el hombre me sorprendió al asegurarme que no tenía dinero ni para comprar una pequeña radio…Ya veis, esto es lo que ocurre cuando la vida te da la espalda, o la gente…, como tú y como yo.

Pues mirad, esta historia la resolví, junto con mis amigos, comprando entre todos una pequeña radio doméstica (vamos, de estas de los chinos: barata y funcional).

No volvimos a verle más pero estoy seguro que aquella radio, que dejamos con nota a su nombre, llegó a su destino. No es ésta una historia de compasión, ni de orgullo en plan qué guay soy, miro lo que hice por él…

No. Esta historia es la de alguien que ha descubierto cómo un pequeño acto de caridad y amor puede hacer un poco más feliz a un moribundo, cómo la vida te sorprende si estás a tiro de ella.

¿Por qué no va a estar nuestra vida llena de pequeñas historias como ésta? Lo único que queda por saber es si tendremos suficiente valor para intentarlo.

Joaquín C., 22 años

(Madrid)