Categoría: Nuestro Carisma

Encontrarás diferentes escritos sobre el carisma de la Milicia de Santa María

  • ¡Merece la Pena! #Summer Camp’18

    ¡Merece la Pena! #Summer Camp’18

    ¿Qué es el campamento para mí? Impresiones del Campamento 2017.

    Yo lo describiría en una palabra: Felicidad. Voy a ser sincero,  yo llegué aquí nuevo sin tener ni idea de nada y no me apetecía mucho venir. Pero una vez llegas aquí, ves que es un lugar distinto. Todas las asambleas, charlas, juegos, ratos de oración… la verdad que me han ayudado muchísimo. Además de todos valores que día a día nos enseñan para intentar parecernos cada vez más a Cristo.

    Por otro lado, el ambiente que aquí se respira, la compañía de los amigos que haces y la de la Virgen, te incitan a cambiar. Así vuelvo yo a Pamplona, cambiado y renovado; y feliz por todo lo vivido.

    Recordad, el campamento es solo el comienzo para comeros el curso. Esto para mí, acaba de empezar.

    Wico P. (Pamplona)

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    Para mí este Campamento de Santa María de la Montaña es un lugar en el que he aprendido muchas de las cosas que son muy importantes para el día a día como ser diligentes, constantes, cómo tratar a los demás, vencer la pereza, superarme subiendo cumbres y picos, reflexionar sobre uno mismo para conocer mis defectos y arreglarlos, así como mis virtudes y potenciarlas. Además este campamento me he acercado mucho a Dios y nuestra Madre, la virgen María de Gredos, a la que tanto he conseguido amar y que tanto me ha ayudado este campamento.

    También hemos realizado montones de actividades como bañarnos en una laguna, pozas, jugar al fútbol, hacer unas olimpiadas deportivas y lo más importante, subir al Circo de Gredos donde se vive el campamento de forma más intensa y emotiva.

    Juan Pablo D. (Madrid)

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    Este campamento no es un campamento cualquiera, es un campamento para la vida. La principal finalidad del mismo es preparar al joven (a nosotros) para el futuro.

    No importa de dónde vengas, cómo seas… Lo único importante es lo que eres. Este campamento te enseña a que lo más importante para la vida es no ser nada. Porque no siendo nada, consigues triunfar tanto para ti como para Dios.

    «Subir bajando» y «Hágase y Estar» son nuestros lemas. Ganar la santidad perdiendo todo. Así, durante el campamento, se te propone aspirar a la santidad como finalidad de la vida.

    Cada día (2-14 de julio) se propone un valor a cultivar. De esta manera, uno aprende a ser mejor persona. Sólo deseo que más personas tengan la oportunidad de conocer esto. «Madre Hágase, Madre Estar«

    Daniel R. (Madrid)

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  • El ladrón del Cielo

    El ladrón del Cielo

    Durante la Semana Santa, hemos vivido un tiempo muy intenso y el más importante del año en que celebramos la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús.

    Sin embargo, me gustaría recalcar una figura de la Pasión que no es muy popular y en que no muchos se fijan: San Dimas. También conocido como el buen ladrón, es un personaje misterioso del que solo se sabe que fue crucificado al lado de Cristo y que, arrepentido, reconoció a Jesús como Dios pidiéndole que se acordara de él cuando estuviera en el paraíso.

    Hasta su nombre, Dimas, es una duda, ya que se le llama así por la tradición, pero no se sabe a ciencia cierta. A pesar de esto, está reconocido como santo por la Iglesia, siendo el único canonizado por Jesucristo mismo. ¡En aquella cruz!

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    Y no es poco merecido, ¿qué mejor santo puede haber que el que se arrepiente, reconoce su miseria, la acepta y se deja acoger por la misericordia de Dios? Además, por si fuera poco, no tiene una vida por detrás que corrobore grandes obras o que fuera seguidor de Jesús, de hecho, es posible que hubiera oído hablar de él, pero nada más. Y si estaba ahí crucificado es porque cometió algún delito grave como asesinato, robo o rebelión. Podemos decir, en nuestro lenguaje, que posiblemente era un terrorista.

    Sin embargo, a pesar de no conocer a Cristo solo le bastó mirarlo, contemplar su rostro desfigurado y especialmente dejarse amar por su mirada, esa mirada que transforma corazones y mueve lo más profundo del pecador. En ese instante, él se ve como un miserable que está ahí colgado justamente, pero… ¿qué ha hecho ese hombre para estar ahí? ¿Por qué muere y se deja tratar así siendo inocente? Presa de amor colmado por Jesús, pronuncia las famosas palabras reprochando al mal ladrón y luego dice: «Acuérdate de mí cuando estés en el Paraíso»… O lo que sería en otras palabras: Perdóname y llévame contigo. Yo cuelgo aquí pagando por mis actos, pero tú nada malo has hecho para merecer esto.

    Ante un corazón humillado como el de Dimas, Jesús se conmueve, lo mira con sus ojos llenos de misericordia y le dice: «Te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso». Fin. Santo declarado de inmediato… ¿Increíble no? Solo fue necesario pedir perdón, arrepentido de verdad ante un Jesús fracasado, ultrajado y herido. Fue el consuelo cuando más lo necesitaba, y además: Dimas no hizo nada grande en su vida, es más, vivió como un pecador y bastó ir a recostar la cabeza en el pecho lastimado de Cristo crucificado para que este lo canonizase al instante.

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    Es por esto que pienso que es un modelo de santo muy bueno: la clave no es tener una gran vida, evangelizar por todo lo alto, organizar grandes proyectos o incluso rezar todos los días y hacer oración. Todo eso es importantísimo, pero al final lo único que Cristo pide es que te dejes amar por él y que vayas a sus brazos viéndote pecador y necesitado de él y el ejemplo más claro es ni más ni menos que San Dimas.

    San Dimas

    Malhechor crucificado junto con Cristo, que supo «robarle» en el último momento el cielo. Es el único Santo canonizado en vida.

  • ¡QUÉ POQUITA COSA!

    ¡QUÉ POQUITA COSA!

    Cuántas veces me veo sentado en el banco de la iglesia, después de misa o de mi rato de oración, intentando “apretar” y hacer una oración buena, esforzándome por convencerme a mí mismo de que voy a darme entero, esta vez sí, a tope. Esforzándome por darme cuenta realmente que al que tengo delante, o dentro de mí, es al mismo Dios, no sólo es un dios, ¡es Dios! Esforzándome por sentirle realmente, por caer en la cuenta de su presencia viva en mi interior, que nunca estoy solo. Pero nada, la cabeza me hace “¡pop!”, lo único que consigo es que la oración me agote mentalmente y sentirme un cateto cuando la vuelvo a liar después de haberle dicho que soy todo suyo. ¿Os pasa también? Esto puede acabar por llevarte a no disfrutar de la oración, a cansarte y convertir ese rato que debería ser de descanso, en un momento de frustración general. ¡Yo quiero sentir y estar cerca de Él, pero no hay forma! Como me canso mentalmente la cabeza se me va, me pongo a pensar en cuánto me queda para que se me acabe el tiempo de oración que había pensado, en qué podría estar haciendo que me urge mientras pierdo el tiempo aquí…, etc.

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    Esto nos puede llevar a acabar renunciando a la oración y convertirla en otra obligación más en mi lista de “Cosas que debo hacer hoy”, no en un rato entre amigos. Sin embargo, este sentimiento puede ser la clave para darle un backflip a la situación. Jesús dijo a san Luis rey de Francia: ‹‹ ¡Tú querrás orar como un santo, y yo te invito a orar como un pobre!››.

    Es normal que tengamos días de oración sabrosa y dulce, y otros que sean más áridos. No es problema, es oración igualmente, lo importante y que va tallando el corazón es la fidelidad a la oración. Sin embargo, estas dificultades que encontramos nos ayudan a darnos cuenta de nuestra pobreza, de que en realidad por nosotros mismos no podemos siquiera hacer un rato de oración decente; y esta pobreza nuestra nos lleva a la humildad. Y la humildad es el punto flaco de Dios. La humildad, unida a la esperanza, “obliga” al corazón de Dios, Él encuentra en ese corazón necesitado un lugar donde poder actuar abiertamente. Así que no nos apaguemos porque nuestra oración no nos haga levitar, ofrezcamos con humildad nuestro rato de oración, sabiendo que ni siquiera eso podemos hacerlo solos, sino que es Él quien toma la iniciativa.

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    A mí me ayuda entrar a la oración con el sentimiento en el corazón de: “Señor, vengo este rato a estar contigo porque necesito de ti. Salga como salga la oración, yo vengo a estar contigo porque quiero serte fiel”. Luego leo un texto o medito el evangelio, y dedico a la oración el tiempo que haya hablado con mi guía espiritual. Y si salgo de la iglesia igual que he entrado, entonces es que debe ser así. Ofrezco al Señor todo lo que puedo dar, de esta forma le doy todas las opciones para que Él tenga plena libertad para obrar en mí. ¿Hemos hablado ya con el guía espiritual entonces de cuánto tiempo sería el ideal para nosotros de oración?

    Santa Teresa de Jesús dijo: ‹‹Sabe el traidor que el alma que tenga con perseverancia oración la tiene perdida, y que todas las caídas que la hace dar la ayudan, por la bondad de Dios, a dar después mayor salto en lo que es su servicio››. Dice también Marthe Robin: ‹‹Quiero ser fiel, muy fiel a la oración cada día, a pesar de las sequedades, los aburrimientos, los disgustos que pueda tener… ¡a pesar de las palabras disuasorias, desanimantes y amenazantes que el demonio pueda repetirme!… En los días de turbación y grandes tormentos me diré: Dios lo quiere, mi vocación lo requiere, ¡eso me basta! Haré la oración, me quedaré todo el tiempo que me han prescrito en oración, haré lo mejor que pueda mi oración, y cuando llegue la hora de retirarme me atreveré a decir a Dios: Dios mío apenas he rezado, apenas he trabajado, poco he hecho, pero os he obedecido. He sufrido, pero os he mostrado que os quería y que quería amaros››.

    ¡Buah! ¿Tú también te mueres de ganas de volver a la capilla?

     

    D.D. (22 años)

  • Una mañana cualquiera…

    Una mañana cualquiera…

    Todo empieza en una mañana nublada un 9 de enero. Era día de inicio de exámenes finales y volvía, entre cansado y cabreado, de hacer el primer examen de una serie de cinco que me iba a llevar dos semanas de trabajo. En estas estaba, pensando en el metro en lo injustos que habían sido los profesores con el método de evaluación, cuando un hombre con una de esas sillas de ruedas eléctricas entra en el metro y me saluda.

    Yo no le conocía de nada, no nos habíamos visto nunca, y sin embargo el hombre se baja el cuello de la camiseta y, mostrando sobre el corazón un escudo tatuado con una calavera, me dice «yo fui legionario en el tercio D. Juan de Austria«. A mí de primeras me sorprende y, con ánimo de hacerme cercano a aquel hombre que parecía haber sufrido mucho, le pregunté ‘¿y qué le ocurrió a usted?‘.

    El hombre, un rostro sin nombre, da síntomas de no haberme oído pues se pone a buscar una foto en su teléfono móvil que acaba de sacar del bolsillo izquierdo. Y me la enseña. Es él, o al menos eso parece, con el uniforme de la Legión. Y me enseña otra en la que también aparece manejando un mortero de 81 mm en el desierto.

    El hombre, animado por mi atención, se pone a buscar en el teléfono otra foto en la que dice que sale desfilando con sus compañeros y, como no la encuentra y estamos llegando a Nuevos Ministerios, no hace más que repetir angustiado «no me da tiempo, no me da tiempo, no me da tiempo…» mientras pasa fotos.

    Efectivamente, este buen hombre legionario tenía razón, y no le dio tiempo. Se bajó y no pudo enseñarme esa foto que tanta ilusión le hacía. Me despidió con un «bueno, hijo, no me da tiempo, que tengas un buen día«, a lo que contesté con un educado ‘muchas gracias, usted también’.

    ¿Por qué refiero esta historia? En parte porque me hizo pensar. Teníais que haber visto esos ojos llenos de alegría con la ilusión de alguien que, por fin, le prestaba atención. De alguien para quien era importante durante unos minutos.

    ¡Cuántas veces nos cerramos en nosotros mismos! Yo iba a lo mío, a ‘mi bola’, en parte cansado y en parte enfadado, pensando que el próximo examen era lo más importante que tenía yo entre manos en los próximos dos días. Pensando en esa lenta tortura agonizante que son las semanas de exámenes… Pero había algo más, había vida más allá de mis preocupaciones. ¡Cuántas veces nos cegamos con nuestros problemas! A veces parece que el mundo, en lugar de girar alrededor del Sol, gira alrededor de un problema, de una persona, de un examen, de algo que nos preocupa y que nos ocupa. Pensando y dándole vueltas, día y noche, como el niño que cree que no podrá vivir si le quitan su juguete. Sin embargo, basta un rostro, alguien que te saluda sin conocerte, o conociéndote, para sacarte de ese ensimismamiento y que la Tierra vuelva a girar alrededor del Sol.

    Esto me lleva también a pensar cuántas veces alguien que necesitaba de mi atención, que necesitaba tener a alguien para quien sintiera que era importante, ha pasado a mi lado y yo estaba a lo mío, ocupado en “esa cosa” tan importante. Cuántas veces no habré negado, vilmente, una sonrisa a quien lo merecía porque “yo” estaba “ocupado”. Ruego que si el afectado me está leyendo, me disculpe. No lo hice adrede, nunca lo hago adrede, aunque a veces necesite una colleja para entrar en razones.

    Si ya lo decía el bueno de Aristóteles que, aunque no supiera de fármacos antileucémicos (que es de lo que iba el examencito de marras), sabía mucho del hombre: el ser humano es un ser social por naturaleza. Sin embargo, el homo faber lo ha convertido, entre obligaciones y problemas, en algo así como “el ser humano es un ser ocupado por naturaleza”. Y así nos va, que nos perdemos las estrellas mientras miramos -o pensamos- en lo feo que es el dedo.

    Samuel G. (Madrid)

  • Volver a casa por Navidad…

    Volver a casa por Navidad…

    Estamos en pleno Adviento y se acerca la Navidad a toda máquina pero, ¿se nos acerca a todos por igual? Y más importante aún, ¿se acerca nuestro corazón? Este año yo estoy lejos de casa así que la relación con mi familia se ha reducido, lo que hace que cada muestra de cariño valga el doble y sepa tres veces más rica. Voy planificando el día en que voy a volver a casa, qué día voy a quitarme de estudiar para salir a comprar regalos al Fnac, qué maleta voy a llevarme y si me hace falta llevarme toda la ropa o sólo la justa, etc. Y todo esto, va calentando el corazón para coger a los tuyos con ganas cuando llegas a casa. Se parece a la frase de Pablo Sanz en su canción “Compondré”: “Prepararé el corazón cada vez que nos veamos, y ya seré feliz antes de darte un abrazo”. Un temazo.

    Estar lejos de casa ayuda a valorar el lujo de “volver a casa por Navidad” y poder pasarlo en familia pero, ¿preparo mi corazón igual para Dios? ¿Espero con ganas ya mi rato de oración a solas o la misa de Navidad? ¿En qué se diferencia mi Navidad de la del resto de mis amigos?

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    Venimos de la fiesta de la Inmaculada, tenemos que tener energías renovadas para llevar a la práctica nuestro deseo de intimar con Dios, de “echar tripa cervecera con Dios” como dice un amigo mío. Igual que quien sale a tomar algo con los amigos día sí y día también, lo importante no es tanto el hablar de esto o aquellos, sino el placer de dedicarse tiempo y pasarlo juntos. De igual modo, no vas con ningún objetivo especial a la oración, vas a estar con Él, ¡y qué rico sabe cuando es así!

    En estas fechas vamos a sacar tripa de rebozados y mazapanes, tripa de cañas/zumos con los amigos, etc. ¿y no vamos a sacar tripa también con Jesús en las fiestas de su cumple?

    En el libro de Jacques Philippe La oración camino de amor, explica que la relación de Dios con la humanidad no es cuestión de cuentas totales o balances anuales, no dice: “Hummm, este año ha ido bien, ¡he recibido 30 sacos de amor en total!”. Para Él las cuentas van individualizadas y, aunque el resto de la humanidad le ame, si hay un hijo que no, su corazón seguirá anhelando su cariño.

    La clave es: dado que tú eres distinto decualquier otro, Dios te ama de una forma única y, dado que no habrá nadie como tú, sólo tú puedes amarle como le amas, y aquel amor que le des nunca podrá ser reemplazado por el de ningún otro.

     Lo mismo pasa con unos padres y sus hijos; si uno se muere, aunque el resto sigan ahí amándolos, ningún hijo ni presente ni futuro podrá llenar el vacío que ese hijo ha dejado. Y saber esto no es ninguna esclavitud, ¡es una pasada! Dios espera tus buenos días y tus buenas noches tanto o más que tu novia o tu madre, desea irse de cañas contigo y pensar en el futuro, desea descansar contigo y actuar a través de ti, porque no podrá actuar a través de otro igual que a través de ti. Es la vieja historia de la página 13 del primer tomo de la segunda edición del Manual de Militante: lo que no hagas tú no lo podrá hacer nadie, y se quedará sin hacer. ¡Pues he ahí!, el bien que Dios pueda hacer a través de ti no podrá hacerlo a través de nadie más, porque tiarrón, por suerte o por desgracia, ¡no hay ni habrá otro como tú!. Dios te necesita, eres el lateral titular de equipo.

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    Él tiene ganas de que vuelvas a casa por Navidad, ¿y tú?

    D. Díez (Madrid)

  • ¿MILITANTE?

    ¿MILITANTE?

    Se acerca. Se nota. Se siente. Está en el ambiente. El corazón se acelera y el pulso aumenta. Sí, estamos llegando a la fiesta, al día, al 8 de diciembre de 2017. Se acerca la Inmaculada y nosotros vivimos estos días con una expectación creciente en plena campaña.

    Una de las cosas importantes para preparar este día que todos deseamos es hacernos conscientes de todo lo que Ella nos ha dado y, para algunos de nosotros, Ella nos ha regalado la oportunidad de ser Militantes de Santa María, sus hijos. Precisamente por esto os invito a reflexionar sobre qué es un militante.

    Es una pregunta que nos han hecho muchas veces en Milicia. Es una de esas preguntas que se suelen poner al inicio de una asamblea y a la que se dan muchas veces las famosas “respuestas de manual”. Creo que debe de haber un capítulo en el “Manual del Militante” que se llame “Respuestas posibles a preguntas típicas” y, en algún punto, debe venir esta. ¿No es triste?

    Y es que es una pregunta que, si no le damos respuesta clara, corremos el riesgo de convertir el “Por Cristo, por la Virgen, por la Iglesia: ¡más, más y más!” en un mero grito de batalla, en un cántico como el de los fanáticos de un equipo de fútbol, en una exclamación que hace piña pero que no nos conforma, no nos “hace con”, un grito que despelleja la garganta pero que en el fondo no significa más que un recuerdo.

    Tras mucho pensar, me he atrevido, desde mi experiencia, a darle una respuesta. Que me perdonen el P. Morales o Abe si he metido la gamba en algún lado.

    ¿Qué es un militante?

    Un militante es un hombre débil que tiene el corazón puesto en Cristo y los ojos fijos en la Inmaculada.

    Un militante es un militante, parecerá una obviedad, pero no lo es. Un militante no es militante si no forma parte de un grupo, de una familia, de la Milicia. Porque no se puede ser militante sin hermanos militantes, no se puede ser un lobo solitario, un caballero andante sin casa ni hogar donde reposar. No se puede, porque dura dos telediarios, ser militante sin otros a tu lado, humana o espiritualmente. Se nos podrán encargar misiones que debemos recorrer solos, cierto, pero no se nos puede pedir que las llevemos a cabo sin, al menos, la oración de nuestros hermanos cubriéndonos la espalda. Somos familia, nos une el Amor, el Amor de Cristo en la Cruz, que nos dio a su Madre por Madre Nuestra. Y podrán separar kilómetros a un militante del hogar más cercano que no puede ser militante sin ser militante, sin familia. Porque el hogar está donde está la Madre.

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    Un militante es un hombre (que la rama femenina saque su propia definición), un hombre formado en la medida de sus necesidades, un caballero. Es un hombre en el mayor sentido de la palabra, un ser humano que Dios ha creado a su imagen y semejanza. No más que los otros hombres, pero sí uno más de los Hijos de Dios. Es un caballero con las mujeres, exquisito si se lo exige la situación y pilar fuerte si las circunstancias lo requieren. Es un soldado, uno de los pretorianos de Nuestro Señor, la élite de las fuerzas de Santa María en este mundo. Dispuesto a las más duras batallas, aún a sabiendas de que sólo nos las gana. Y que se juega la vida por el honor de su Señor, a un militante no le es indiferente que se calumnie a Cristo delante suya. Un hombre que reconoce la valía de una mujer y la respeta como compañera que Dios le ha dado en este mundo. Un militante es un hombre.

    Un militante es un hombre débil, y lo debe reconocer. Muchas veces se nos sube a la cabeza el “soy militante” y solemos olvidar que el “subir bajando” es núcleo esencial de nuestro carisma. Un militante es de carne y hueso, si se le pincha sangra, como a todo quisqui. Somos débiles, sencillos, torpes, cojos y mancos, no valemos para mucho -para qué nos vamos a engañar-. Y el problema no es que lo seamos, que las circunstancias se imponen muchas veces, sino que debemos reconocer que lo somos, que ya nos cuesta más. Somos hombres que no se ganan la santidad a pulso, que no dan el asalto al Cielo, que no escalan su propio crecimiento. Somos hombres curtidos en la dureza de la roca de Gredos, que enseña que, para que la hierba brote, la roca ha de agrietarse y resquebrajarse por nieves y hielos hasta dejar pasar el agua. Un militante lucha, sí, pero “no se cansa nunca de estar empezando siempre” porque sabe que es débil y que su salvación no se la va a ganar él. Un militante es débil.

    Un militante es un hombre débil que tiene el corazón puesto en Cristo, que no vive a medias tintas, que está enamorado de su Señor. Cada día le dedica un rato, como al mejor amigo, y le cuenta sus penas y alegrías, sus luchas y defectos, sus conquistas y sueños. Descansa en Cristo, en su Señor. Que echa en falta cada día que pasa sin recibir la Eucaristía, que se seca si no le regala el día a su Señor en el ofrecimiento de obras. Un militante hace todo por Amor, con mayúscula, da la vida por Amor al que por Amor le dio su Vida. Un militante es un hombre débil que tiene el corazón puesto en Cristo.

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    Y un militante es un hombre débil que tiene el corazón puesto en Cristo y los ojos fijos en la Inmaculada. Porque no vive sin su Madre, porque aprende todo de Ella, porque sólo Ella le anima a caminar, sólo Ella es su fe y su esperanza. Porque Ella desde Gredos le enseña a resistir nieves y hielos escondida en la roca del Amor; porque Ella desde el Cielo le enseña, como la Inmaculada, a ser todo y sólo de Dios; porque Ella le enseña, como Madre, a vivir en su vida el plan que Dios ha trazado para cada uno de sus militantes. Le enseña a confiar, aunque parezca que es imposible, a decir “hágase” cuando no entiende nada y sólo ve oscuridad. Le enseña a permanecer, a “estar”, contra viento y marea, cuando todo parece caer. Sólo ante Ella ofrece su vida en los compromisos, sólo ante Ella y su Señor dobla la rodilla, sólo de su mano sube a la santidad bajando, peldaño a peldaño, la escalera de la humildad. Un militante sólo es militante si es de Santa María, y allá donde se le rinda culto a Su Madre un militante es feliz, y allá donde esté le rendirá honor a Su Señora, al orgullo de su pueblo, a la Toda Santa. Un militante tiene los ojos fijos en la Inmaculada y su pureza es modelo y esperanza para su fe.

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    Un militante es un hombre débil que tiene el corazón puesto en Cristo y los ojos fijos en la Inmaculada.

    Quizás me he explayado en exceso, diréis, y razón no os falta, porque esto no se escribe, ni se dice, se vive. Y qué mejor ocasión para vivirlo que estos días, esta preparación constante para la fiesta de nuestra Madre. Que vivamos y preparemos el corazón para el 8 de diciembre y que así, poco a poco, nos acerquemos cada día más a la santidad en medio del mundo y, si Dios quiere, a la eternidad.

     

  • EN GREDOS SE FORJAN LOS HOMBRES…

    EN GREDOS SE FORJAN LOS HOMBRES…

    … labrados en roca’ Cuando Abelardo de Armas (co-fundador de los Cruzados de Santa María) cantaba esta canción al final de los fuegos de campamento a un más de un centenar de muchachos no podía imaginar la extraña actualidad que esa estrofa tendría en nuestros días. La falta de educación en grandes ideales y valores décadas después cambiaría el devenir de la sociedad y concretamente, de los jóvenes.

    Y sin embargo, hoy es más actual que nunca esta propuesta ante una sociedad en el que la lucha por los grandes ideales ha entrado en crisis. Y las cumbres de Gredos vuelven a ser una escuela para que el joven saque todo su potencial, se conozca a si mismo y cultive su personalidad.

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    ‘En Gredos se canta y se ríe en la tempestad’. Hay una fortaleza humana que la vida en la Naturaleza ayuda a cultivar. El tener que hacer frente al clima, no siempre suave, de la alta montaña. El contraste entre el frío en la noche o el calor agobiante en las subidas a las cumbres al mediodía. Las tormentas que te obligan a guarecerte con todos tus compañeros en la tienda de campaña, cantando canciones y riendo juntos, hasta que se pasa el temporal. Todo en la Naturaleza ofrece una aspereza a la que el joven no está acostumbrado, pero que le va haciendo más resistente, más fuerte.

    El reto que supone la montaña, reflejo del reto de crecimiento personal que propone el campamento, marca un talante que saca en el joven lo mejor de sí y le hace crecer. Superar nuestras propias marcas, vencer nuestros miedos, ir más allá de nuestros límites es pieza clave en esa forja de hombres que es el campamento y que no debe olvidar quien educa a los jóvenes.

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    ‘En Gredos la noche ilumina cuajada de estrellas’. Esa fortaleza y espíritu de superación y lucha, se encauza hacia los más altos ideales, al latido ardiente de las estrellas en la noche. El joven tiene energía, una fuerza que no hay que apagarla o suavizarla, sino que hay que darle un ideal para gastarla. ¿Qué puedes hacer en grande con tu vida? ¿Por quién estás dispuesto a entregarla? ¿Qué quiere Dios para ti? Un mundo entero que hay edificar según el corazón de Dios se abre como la misión encomendada por el Padre Creador que ama con ternura a todos sus hijos y no quiere que ninguno se pierda.

    ‘Y la luz de ellas es fe que te guía en la oscuridad’. Ideales por los que merece la pena vivir. Pero que muchas veces se ven oscurecidos por el cansancio, nuestra propia fragilidad o la de los que nos acompañan en el camino. Toda una tercera etapa del campamento educa en la constancia, en la fortaleza del día a día, en esa lucha por mantener la luz en medio de la oscuridad. Si la tenacidad ha sido siempre forja de los grandes hombres, hoy es imprescindible cultivarla como virtud entre nuestros jóvenes.

    ‘En Gredos las aguas son puras y bajan cantando’. Aguas cristalinas, que en su pureza irradian alegría. Reflejo del modelo que se presenta a los jóvenes en el campamento. También ellos han de vivir la pureza, luchar por dominar y ordenar sus pasiones, sentir la alegría del joven que vive ordenadamente su sexualidad. Una de las luchas más costosas para un joven, pero que en el campamento aprende a vivir. El esfuerzo y dominio de su propio cuerpo, la generosa entrega olvidándose de sí mismo, preparan al muchacho para cultivar la virtud de la castidad.

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    ‘Y el alma —imitando- desea vivir la humildad’. Un esfuerzo, un vencimiento, que no hace soberbio al joven. Pues el campamento cultiva también la sencillez, la humildad, el reconocimiento de los propios fallos, mirándolos de cara, sin ocultarlos. En charla personal con el educador cada acampado aprende a abrir su corazón y exponer con franqueza su realidad, para proponerse metas y seguir mejorando. Para levantarse cuando se haya caído. Para subir bajando la cumbre de la santidad. Es esa reciedumbre que hace falta para reconocer tus errores y seguir caminando. Asume y avanza.

    ‘En Gredos las nieves de cumbres hablan de la Virgen’. La mirada se alza a las cumbres, que incluso en el verano aparecen salpicadas con neveros que atraen la mirada. Y que en su limpieza nos están hablando de la Virgen. Ella es el modelo para los jóvenes acampados. Pero más aún, es el gran amor de estos hombres. Por que la verdadera forja del hombre se hace en fuego del amor, del mayor amor de todos. Sin la Virgen, sin el amor a la Madre, no habría militantes, los jóvenes no encontrarían la fuerza para vivir así. Porque no se puede ser militante sin estar locamente enamorado de la Virgen.

    ‘Y todo te grita que Ella es la fuerza que alcanza tu paz’. Ella es la fuerza para el alma, quien nos enseña a vivir también como hombres la ternura y el cariño. A saber expresarlo en los más pequeños detalles. A ser cauce de un verdadero amor. Que, especialmente en los jefes de escuadra y educadores, se traduce en entrega, cuidado, protección, olvido de sí, auténtica paternidad espiritual.

    Quizás sea esta una de las mayores aportaciones en la forja de su personalidad para los jóvenes que asisten al campamento. Sentir la presencia cercana de hombres, auténticos padres del alma, que les educan, es la mejor referencia que les enseñe a ellos a ser también hombres y padres el día de mañana.

    ‘¡Oh, Virgen de Gredos, bendita!’,  desde tu grieta de Gredos, bendice a estos jóvenes, forja en ellos, labrados en roca, los hombres que nuestro mundo y la Iglesia necesitan.

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  • ¡Estar, vivir, contemplar!

    ¡Estar, vivir, contemplar!

    Hace algo así como un mes que terminamos nuestras convivencias de Navidad y cualquiera que tenga un poco de sentido común se preguntará: ¿y por qué no publicasteis esto cuando las terminamos el 5 de enero?
    Pues muy sencillo, porque los frutos de las cosas importantes no se ven en el momento, hay que esperar un tiempo hasta que sedimente en el corazón y en la cabeza todo lo vivido para poder valorarlo.

    ¿Y qué es lo que ha sedimentado en nosotros de estas convivencias que tuvimos del 2 al 5 de enero en Becerril de la Sierra y Majadahonda los Alevines, Juveniles, Enseñanzas Medias y Universitarios?
    Pues la Navidad. Sí, en estas convivencias Dios niño se ha hecho un hueco en nuestro corazón y ahí ha encontrado la posada que otros le negaban.
    ¿Y cómo lo ha hecho?
    Pues Dios niño se ha quedado con nosotros en los momentos de convivencia, en las famosas «bincas», en los partidos de fútbol, en los juegos y en las risas de las comidas.
    También en los ratos de formación, en las charlas que nos daban nuestros educadores, en los ratos de estudio y en las asambleas en las que ponemos en común lo que pensamos y sentimos.

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    Y, como no podía ser de otra forma, también en los ratos de oración disfrutados, en las Eucaristías, en las vigilias de Navidad y en el Rosario que rezamos juntos o por parejas.
    Pero si hay algún lugar en el que Dios niño se nos ha hecho más cercano y más evidente es en nuestros educadores. Esos señores que están ahí por y para nosotros, que se devanan los sesos pensando en ti y en mí, intentando en apenas tres días ayudarnos a crecer y madurar. Ellos han sido el reflejo de Dios para nosotros esos días, a nuestro lado, cuidándonos y observándonos para ayudarnos a ser los héroes de nuestra propia historia y los señores de nuestra propia vida.
    Y es que sin educadores nuestras convivencias no habrían sido posibles, si las hemos disfrutado ha sido gracias a ellos. Ellos, como tú y yo, algún día estuvieron donde estabas tú, fueron alevines, juveniles, medias y universitarios. Y fue en las convivencias donde, entre partidos de fútbol y bincas, aprendieron a ser educados y a educar.
    Hoy, desde aquí, les damos las gracias, y les pedimos que, por favor, nos sigan ayudando a seguir creciendo humana y espiritualmente, que ellos tienen la ‘culpa’ de buena parte de lo que somos y de lo que seremos. Y que esta vez, como casi siempre, lo han hecho muy bien.

                                                                                                 Samuel G. (19 años). Madrid

  • Abelardo de Armas, apóstol de la misericordia (I).

    Abelardo de Armas, apóstol de la misericordia (I).

    En homenaje al hombre que subió bajando

    Por Bienvenido Gazapo (Cruzado de Santa María)

    A lo largo de este año de la Misericordia hemos abordado, siquiera sea de manera incipiente, uno de los aspectos más relevantes de la espiritualidad de Abelardo de Armas, cofundador de los Cruzados de Santa María. Lo haremos en varias entregas.

    En este mes de octubre de este año jubilar 2016 se cumplirán cincuenta años de aquellos días en que un joven quinceañero hacía en tierras cacereñas sus primeros ejercicios espirituales con Abelardo en la que quizá fuera la primera tanda impartida por él. Aquel chaval de entonces —autor de estas líneas hoy— ha tenido la fortuna de seguir muy de cerca, al menos con el deseo, las huellas del que fue y sigue siendo su maestro de vida.

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    1. “SUBIR BAJANDO”

    Es una afirmación con sabor montañero, poética incluso, pero contradictoria. Porque en la montaña se sube subiendo y se baja bajando. No hay otra alternativa posible. Pero en el orden espiritual las cosas son distintas. San Pablo en la carta a los Filipenses habla de que el Verbo encarnado, Jesucristo,semetipsum exinanivit (se vació a sí mismo, se anonadó), por lo cual fue elevado (exaltavit) por el Padre.

    Esta es la espiritualidad de Abelardo, veterano montañero de botas gastadas y muleta de aluminio que, cojeando, con mucho esfuerzo, pero siempre pacífico y sonriente, recorrió cientos de veces los senderos y atajos pedregosos del Circo de Gredos (y de la vida) acompañando a los muchachos del Campamento de Santa María. Llamaba la atención un cojo caminando por la montaña.

    La misericordia se fue convirtiendo en el eje central de su vida de unión con Dios y de su acción apostólica como educador de jóvenes. Supo hacer de ella no sólo un camino hacia Dios sino un estilo de vida y de relación con los demás. Algo que merece la pena conocer y vivir. Vamos a intentar comprender y gustar esta filigrana que Dios fue haciendo en su vida, unas veces a través de mediaciones y otras, irrumpiendo directamente.

    Una primera advertencia que nos puede facilitar claves de interpretación: en Abelardo se produce una síntesis de extremos aparentemente contradictorios pero complementarios. “Subir bajando” fue para él una actitud espiritual deaceptación de sí mismo sin paliativos, es decir, con todas sus contradicciones, pero a la vez fue una actitud permanente de lucha y superación en un estilo de vida fuerte y exigente, por vivir entre jóvenes a los que educó con su vida. Esto es como el filo de una navaja, constituye un punto de equilibrio difícil entre un espiritualismo que negara la eficacia de la acción del hombre y un voluntarismo que la afirmara como excluyente, porque Abelardo no fue un espiritualista sino un luchador, realista, que conoció la grandeza y pequeñez del hombre; tampoco fue un voluntarista, porque supo abandonarse y se dejó hacer por un Dios misericordia, que tiene nombre propio: Jesucristo.

    1. Los fundamentos del edificio

    Se perciben en su trayectoria espiritual tres influencias básicas fundantes (antes de 1980, año en que recibió una gracia especialísima). Intentamos perfilarlos:

    1.1. Tronco ignaciano

    Abelardo se convirtió a Dios en una tanda de Ejercicios espirituales realizada en su juventud (año 1951) con el P. Morales, S. I. El primer fundamento de su espiritualidad consistió, por tanto, en ese “conocimiento interno” de Jesucristo (que es un conocimiento de amor, más que intelectivo), que pretende san Ignacio en todo ejercitante y que nace de la contemplación de un Dios que quiere establecer relaciones íntimas con cada uno de nosotros a través de la persona de Jesucristo.

    Esta llamada resuena insistente en las impresionantes meditaciones de la Segunda Semana los Ejercicios Espirituales, de los que Abelardo se hizo un experto transmisor a los jóvenes (se calcula que dio en su vida alrededor de 215 tandas): el Rey Temporal y Dos banderas.

    Pone Ignacio en boca de Jesucristo, Rey eternal, esta llamada:

    Mi voluntad es de conquistar todo el mundo y todos los enemigos, y así entrar en la gloria de mi Padre; por tanto, quien quisiere venir conmigo, ha de trabajar conmigo, porque siguiéndome en la pena, también me siga en la gloria (EE, 95).

    “¡Venir conmigo! ¡Trabajar conmigo!” ¡Nada sin Él!

    En la meditación de Dos banderas se repite la escena, pero las cosas se concretan más, porque para Ignacio la vida cristiana es una batalla sin cuartel, que no admite términos medios:

    cómo Christo llama y quiere a todos debaxo de su bandera, y Lucifer, al contrario, debaxo de la suya (EE, 137).

    La bandera de Cristo consiste en:

    “Traerlos, primero a summa pobreza spiritual, y si su divina majestad fuere servida y los quisiere elegir, no menos a la pobreza actual; segundo, a deseo de oprobrios y menosprecios, porque destas dos cosas se sigue la humildad” (EE, 146).

    Ignacio invita a la generosidad: “Los que más se querrán afectar… harán oblaciones de mayor estima y mayor momento” (ofrecimientos del máximo valor y de la mayor importancia, diríamos nosotros), pero al descubrir su impotencia, concluye con una pincelada llena de ternura espiritual. Se hace pequeño:

    “Un coloquio a nuestra Señora, porque me alcance gracia de su Hijo y Señor, para que yo sea rescibido debaxo de su bandera, y primero en summa pobreza espiritual, y si su divina majestad fuere servido y me quisiere elegir y rescibir, no menos en la pobreza actual” (EE.147).

    “Me alcance gracia… para que yo sea rescibido… en summa pobreza espiritual… no menos en la pobreza actual”. Estas exhortaciones encendidas de san Ignacio vibraron permanentemente en el corazón de Abelardo: ¡Subir bajando!

    1.2. El retoque moraliano

    El Siervo de Dios P. Tomás Morales, hijo y discípulo entusiasta de san Ignacio, hizo suya esta espiritualidad de los Ejercicios Espirituales (que fueron y son “savia de la Cruzada”, Instituto Secular fundado por él) y grabó a fuego la devoción al Corazón de Cristo en los miembros del mismo. Les escribe:

    Uno de los soldados con una lanza le abrió el costado” (Jn 19, 34). ¿Por qué dice el Evangelio le abrió y no le traspasó?… Para que no te escapes y quedes dentro… Revolotea, si quieres, alrededor de manos y pies, pero anida en el Corazón (San Agustín). Haz allí tu morada (Comentario a la Regla 28).

    Conforme maduraba en santidad, crecía en confianza y no cesaba de invitarnos a ese conocimiento interno de Cristo misericordia:

    Creer en el amor de Dios para conmigo. ¡Qué difícil se nos hace, sobre todo cuando nos vemos llenos de lepra, de miseria!… Y entonces ya creemos que Dios nos desahucia en su amor. ¡Como hemos fallado, como fallamos mucho!…

    Tengo que creer en el amor de Dios para conmigo a pesar de mis miserias y precisamente por mis miserias. ¿Por qué precisamente por mis miserias? Pues porque como Él conoce mi buena voluntad y sabe el buen deseo que tengo de quererle, se apiada mucho más de mí al ver que fallo…

    Hasta que no veamos a Dios así con nosotros, creyendo en el amor de Dios para con nosotros a pesar de todos estos fallos y miserias, nada. Otra vez el mensaje del amor: no me importan vuestros fallos, lo que quiero es confianza. No me importan vuestras miserias, lo que quiero es amor… (Ejercicios Espirituales a los Cruzados, 1972).

    1.3. El Maestro Ávila

    Abelardo asumió plenamente esta tradición ignaciana, transmitida por el padre Morales y fue profundizando en ella, enriqueciéndola con su genio inconfundible desde que se encontró con los escritos de san Juan de Ávila. Ya en el año 1979, glosando al gran doctor de la Iglesia, decía esto a los militantes de Santa María reunidos en convivencias de formación:

    Si no tienes una confianza inmensa, inquebrantable en el Corazón de Jesús, tú no puedes perseverar. El peso de tus miserias te agobia, te aplasta; pero, si tienes los ojos clavados en Él, que te dice Juan de Ávila que está de rodillas por mí… Él, que como abogado para la defensa de la causa, presenta dos recursos infalibles: la oración, que no falla… y el precio de su propia sangre… Esa seguridad que me da a mí este Jesús, que es mi abogado, que es mi defensor… y que es el propio Padre quien me lo envía.

    Dice san Juan de Ávila: el Padre mira al Hijo, y el Hijo mira al Padre. El Hijo mirando obedece; el Padre mirando al Hijo, manda; y en esa obediencia de uno, y en ese amor del otro, está mi salvación. ¡Miraos Padre e Hijo, no dejéis de miraros jamás, porque allí está el fruto de Mi salvación! (Puntos de oración; 14.08.1979).

    Aunque Abelardo en ese verano de 1979 estaba ya muy adelantado en el camino de la confianza, se encontraba solamente en el vestíbulo. Necesitaba todavía un toque especialísimo de Dios para entrar más adentro. Y ese momento llegó, inesperado, pocos meses después, en una gélida mañana de febrero del año 1980, en una pequeña iglesia carmelitana perdida en los encinares del campo abulense.

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    Nota
    1Fueron libros de cabecera para él: Tratado del Amor de Dios (en san Juan de Ávila.Escritos sacerdotales, BAC Minor, Madrid 1969), la recopilación de cartas del santo, titulada Cruz y Resurrección. Cartas sobre Jesucristo (Ed. Narcea, 1973) y las dos ediciones del P. Esaú de Mª. Díaz, tituladas Ya han florecido las granadas (Casals, S.A, 1983) y Vino nuevo (Casals, S.A, 1984)

    Fuente: Revista Estar